jueves, 29 de agosto de 2013

Reseña de "Cómo en el cielo así también en la tierra"

El Élder Jeffrey R. Holland y su amada esposa Patricia T. Holland mediante la publicación de este libro nos muestra que hay cosas que cada persona puede hacer para contribuir a que su vida mortal sea más placentera, más espiritual y más como nuestro hogar celestial. En el contenido de este libro podemos apreciar las historias de la vida cotidiana de este hermoso matrimonio que nos muestra que ellos al igual que nosotros son seres humanos que se hallan en un estado de imperfección pero que en proceso de sus vidas han adquirido las experiencias que les han ayudado a crecer juntos y poder traer un poco del cielo a su hogar.


El libro contiene 17 capítulos de los cuales se encuentra dividido en tres partes, los ocho primeros capítulos conforman la parte llamada PERCEPCIONES Y REFLEXIONES,  escritos por la hermana Patricia. La segunda parte, el capitulo intermedio, que es el nueve, es una conversación del matrimonio Holland. Para finalizar la tercera parte, están los capítulos del diez al diecisiete, escritos por el Élder Holland llamada CERTEZAS Y AFIRMACIONES
  
A continuación pasaré a hacer una breve reseña de lo que pude aprender de cada parte de este libro:

PERCEPCIONES Y REFLEXIONES

Capítulo I: Cumplir con la medida de nuestra creación

Cada una de nosotros se autopregunta interiormente ¿por qué vine aquí? ¿cuál es mi propósito en esta vida? ¿que será de mí más adelante?, estas y muchas más preguntas son las que nos hacemos en el viaje de nuestra vida. Lo que no hemos podido percibir es que cada uno de nosotros tenemos un papel fundamental en nuestra estancia temporal en este estado. Lo que me llamó la atención fue esta frase:
Señor nos utiliza a causa de nuestras personalidades y diferencias únicas más que a pesar de ellas. Él nos necesita a cada uno de nosotros, con todos nuestros defectos, debilidades y limitaciones.
Mediante esto he podido comprender que cómo el diamante bruto que soy, con imperfecciones y defectos estoy aquí para ser pulida y refinada a la manera que Él requiera, las cualidades que tenemos nos ayudarán a poseer las que nos falten con el fin de cumplir con la medida con la que fuimos creados y cumplir con el propósito por el cual fuimos enviados.

Somos hijos e hijas de un Padre Celestial que nos ama quien nos envió aquí pero para no fracasar sino para triunfar con gloria, durante este paso en la vida cada decisión que tomemos tornémosla de acuerdo a lo que Él quisiera que realicemos.

Capítulo II: A un susurro de distancia del cielo

En estos tiempos, el mundo se va acelerando cada día con una rapidez sorprendente, que nos puede tornar a la desesperación, en algunos casos, la frustración y demás sentimientos negativos de no poder cumplir a cabalidad con nuestras responsabilidades tanto en nuestro trabajo, estudios, familia y responsabilidades en la Iglesia. A esto una frase reflexiva es la siguiente:
...cualquier cosa importante es pesada y difícil. Quizás el Señor lo diseñó de ese modo para que apreciáramos, retuviésemos y magnificásemos los tesoros que más importan.
Recordemos que como a Nefi, junto con la tarea se nos concede el talento, ahora no es que este talento vendrá de la nada sino que requiere un proceso para poder desarrolllarlo pero es por eso que se nos da porque podemos hacerlo. Si sentímos que todo se torna fácil, detengámonos y pensémos que esto puede ser un factor que nos desvíe de nuestros propósitos eternos, que nos pueda llevar a un camino que no sea el que se requiera y nos deje en una incapacidad espiritual.

Durante nuestro viaje de regreso a la morada celestial se presentarán muchas pruebas y desafíos, pero depende de nosotros crear las circunstancias apropiadas para superar esos episodios, el Señor dijo ¿hay para mi algo imposible?, definitivamente no lo creo, estamos a una distancia tan corta del cielo de Él que mediante la oración podemos expresarle nuestros sentimientos, dudas, temores, alegrías, sueños a nuestro mejor amigo, confidente y sobre todo amoroso Padre, quien espera sólo que doblemos nuestras rodillas e invoquemos Su nombre para que su infinito amor pueda respondernos y mostrarnos la vía. 

Capítulo III: Todo tiene que ver con el corazón

¿Cómo está nuestra actitud y disposición? ¿tenemos un corazón quebrantado y humilde, de amor y de interés por los demás?, estas son las preguntas que me hice al leer este capítulo, ¿que he hecho por mi prójimo hoy?. Puedo entender con mayor intensidad que cuando dejo el "yo" por "ustedes" me acerco más a mi Padre Celestial, porque lo que Él deseas es regresemos juntos a Su presencia, es el por qué de regresar cómo familias eternas.

Un corazón humilde y lleno de amor nos trae más comunicación con los cielos, a veces puede costar creer que cuando nos presentamos insensatos ante Él, es que la revelación llega a nosotros. Admitir nuestros errores y pedir perdón es lo que hace que recordemos nuestra condición de seres imperfectos que vinimos aquí para poder regresar en otra mejor condición. espiritual.

El Padre Celestial espera mucho de nosotros, ha creado experiencias celestiales, el no ha perdido la esperanza en nosotros por lo que nosotros tampoco debemos de perderlas. La frase que me gustó fue:
...por encima de todo, el saber que cuando necesitemos ayuda podremos procurarla más allá del velo, debiera darnos un fulgor perfecto de esperanza.
Capítulo IV: Los frutos de la paz
El amor por Dios y por nuestro prójimo es la única puerta de escape de la prisión del yo. La región de la vida de una mujer es una región espiritual. Dios, el prójimo de la mujer, su familia y amigos son el amplio mundo en que el espíritu de ella puede encontrar el único espacio en el que crecer.
Para mí esta frase es la que engloba todo el capítulo. ¿A caso no hay paz cuando uno está al servicio de sus semejantes?, ¿qué es lo que nos puede llevar a ese estado sublime de paz?. Definitivamente se  cumple la escritura que citó el rey Benjamín en Mosíah 2:17, que mejor manera de llegar a ese estado de paz que dejandote a ti mismo y estar al servicio de los demás, esa es una manera de demostrar amor al Padre.

Algo que me dejé meditando fue que "para ser alguien debes de amar a todos", no a algunos sino a todos, porque Él no hace acepción de personas, Su amor es igual a cada uno de nosotros, entonces ¿por qué no hacemos lo mismo?. Algunas veces es difícil, pero no imposible, Él nos dará el poder para hacerlo. Si creamos hábitos de no juzgar y los cambiamos por alagar las cualidades que tengan, si cambiamos nuestros rencor por perdonar a los que nos han ofendido así cómo Él lo hizo con nosotros, son medios mediante los cuáles podemos dejar el YO y llegar al USTEDES.

Capítulo V: La consolación con la que somos consolados

Cada decisión que tomamos implica un temor de qué es lo que puede suceder, las pruebas que afrontamos nos llenan de temor de lo que puede ocurrir más adelante. El temor se ha convertido en un compañero que no quiere alejarse de nosotros, pero hay un compañero que nos puede ayudar a combatirlo y es la FE.

Cuando "la FE vence el TEMOR" es que sabemos que tenemos un Padre Celestial que está dispuesto a escucharnos, consolarnos, ayudarnos con los brazos abiertos llenos de amor y misericordia, Él quiere que recurramos hacia su presencia, que lo conozcamos cómo realmente es. Es mediante el servicio que  damos a los demas que desarrollamos la confianza de que estamos aquí por algo, nuestra existencia y misión están pre ordenadas. Día a día requerimos de Él para pedir Su guía así cómo recordar lo siguiente:
Nuestro Padre Celestial nos ama a todos, a pesar de nuestros temores, nuestros errores, nuestra obvia falta de talentos y de confianza. Al abrazar plenamente esta verdad, seremos llenos de un fulgor de esperanza y de un gozo inefable.
Capítulo VI: La perspectiva de una mujer sobre el Sacerdocio

Don acaban nuestros derechos comienzan nuestras responsabilidades. Tanto hombres cómo mujeres,  somos hijos e hijas de un Padre Celestial, quien nos mandó aquí en nuestro debido tiempo a cumplir con una responsabilidad y misión específica a cada uno, ya que antes de venir aquí hicimos un convenio con Él de cumplirlos. No recordamos nada de lo que ocurrió antes de venir a esta tierra, pero mediante la oración, la lectura de las escrituras y una vida recta es que el Señor nos concede mediante la revelación Su voluntad respecto a nosotros y así no desviarnos del plan.

Los privilegios del sacerdocio no se encuentran aislados de los deberes, ni tampoco lo están los privilegios de las mujeres.

Cada uno de nosotros al tener responsabilidades diferentes también tenemos un único destino que es, el regreso a nuestra morada Celestial, es por eso que siempre oímos que vivimos en este mundo pero no pertenecemos aquí. Hemos sido enviados con dones y cualidades los cuales debemos desarrollar y perfeccionar así cómo ayudar a otros a hacerlo.

Nuestro deber cómo mujeres es apoyar a los varones poseedores de Sacerdocio a magnificarlo.Una vez escuché una conversación en la cual una mujer le decía a una hermana Santo de los Últimos Días, ¿que tanto me hablas del Sacerdocio, si tu no lo tienes?, a lo que esta hermana contesto: "claro que sí, lo abrazo cada noche cuando llega a casa". Una oración que no debe de faltar cada día debería de ser qué puedo hacer para ayudar a los sacerdotes de esta tierra.

Abrazamos y ayudamos al sacerdocio de muchas maneras, ya sea nuestro padre, esposo, amigo, hermano, primo, líder, etc. Sea quien fuese, al igual que ellos tenemos deberes y responsabilidades y una meta común regresar al reino Celestial.

Capítulo VII: Los distintos rostros de Eva

En el proceso de este viaje, llamado vida, cada uno expresa distintos rostros en los cuales se reflejan nuestros distintos papeles, ya sea de hija, madre, abuela esposa, hermana, amiga, prima, etc. Cada rol que se nos asigna es con un propósito, pero es ahí dónde aparece la pregunta ¿cuál es el de mayor importancia?, es ahí dónde puedo decir que mi casa y yo debemos ser un reflejo del Templo, pues sí, debido a que este es una casa de orden, mi vida también debe de tener un orden y una prioridad en la que mi bienestar es el centro de todo, aunque puede sonar egoísta pero ¿que pasaría si estoy mal?¿podré servir a mi prójimo de la misma manera? ¿si no me cuido? ¿podré estar saludable para tener disposición al servicio de los demás?


El crecimiento, el cumplimiento, el alcance y el desarrollo de nuestros talentos es parte del proceso de llegar a ser como Dios, la "medida definitiva de nuestra creación.

El mundo cada día está más agitado y es ahí dónde hay más responsabilidades, las cosas se tornan monótonas, caemos en la rutina. En todos esos momentos debemos reflejar nuestro verdadero ser interior que se refleje en el exterior, naturalmente cómo somos y cada día reflejar lo que podemos llegar ser. Cantidad y calidad es el fundamento esencial en toda las cosas que hagamos, es por eso que debemos tomar decisiones sabias mediante nuestra cercanía a Dios. 

Aceptarnos tal y cómo somos es clave de la felicidad en esta vida y la venidera, somos engendradas como sus hijos, a Su imagen pero diferente en propósitos y con una misma meta, no permitamos dejar de reflejar nuestro verdadero ser y mostrarle al mundo lo que podemos llegar a ser y contribuir.

Capítulo VIII: Con tu rostro puesto en el hijo

Muchas veces hay puntos en la vida en los queremos mirara hacia atrás y ver i lo que hasta ahora hemos está bien, si hemos cumplido con la medida de nuestra creación. En este mundo de muchas cargas, el cansancio es un enemigo constante por medio del cuál Satanás quiere actuar y hacernos desfallecer, cómo mujeres Santos de los Últimos Días tenemos responsabilidades que cumplir tanto para la Iglesia cómo en nuestro hogar, el enemigo nos ataca mediante distracciones y la búsqueda de las cosas vanas, nos hace creer que la verdadera búsqueda de la felicidad es tenerlo todo cuando realmente lo que importa es nuestro propósito individua y cómo familias.
Debemos tener el valor de ser imperfectas mientras luchamos en pos de la perfección.
Todos vinimos aquí con dones pre ordenados y a desarrollar otros así cómo a cumplir con misiones encomendadas, una de ellas es que cómo mujeres tenemos la responsabilidad también de velar por el Sacerdocio, esto no es sólo cuestión del varón sino también de la mujer ya que la promesa del Padre Celestial es para ambos cómo familias.

Hay una frase que me gusta repetírmela día a día: "mi vida es un auto examen diario", esto es muy cierto , ya que nos encontramos en el camino para llegar a ser dioses y diosas necesitamos saber cuales son nuestra fortalezas para seguir puliéndolas y nuestras flaquezas y debilidades pedirle al Señor la manera de poder sobrellevaras y mejorarlas porque la vida es un cambio constate de llegar a ser lo que el Padre Celestial desea que seamos con la mira únicamente en Su gloria.

UNA CONVERSACIÓN

Capítulo IX: Algunas cosas que hemos aprendido juntos
"El amor es aquello por lo que pasamos juntos".
Seamos solteros o casados todos estamos expuestos a dificultades, pero estas se han hecho con el propósito de elevarnos y llevarnos a cumplir con nuestra creación. Siempre vamos a necesitar de alguien o los medios mediante los cuales sintamos esa fuera que nos motive a salir adelante, ya sea por medio de tu esposa o esposo, tus padre o amigos. Recuerda tus convenios, en cada paso que demos porque ese será nuestro norte, si siempre ponemos en nuestra mente eso podremos ser fuertes y vencer las adversidades y no lograrán requebrajarnos.

CERTEZAS Y AFIRMACIONES

Capítulo X: Eleva tus ojos


Cuando leemos las escrituras podemos apreciar cada uno de los atributos del Salvador, uno de ellos fue "elevar a los hijos de Dios a su potencial Celestial". De uno u otro medio siempre encontró la forma de poder hacer entender que Él es el único camino por el cual podemos llegar al Padre.

En nuestro diario vivir estamos rodeados de muchas personas, casi siempre miramos el ahora y no lo que pueden llegar a ser, es por eso que Jesucristo durante su ministración en la tierra elevó a cuantos se encontraron en su camino los trasladó del espacio terrenal hacia el potencial espiritual.
Allí donde nos encontremos, también nosotros podemos estar de camino hacia las cosas celestiales si buscamos y aceptamos el toque paciente, ennoblecedor y poco corriente del Salvador.
Dentro de este libro ellos citan:
Hasta que podamos estar a salvo en nuestro hogar celestial, con Dios y los unos con los otros, de seguro que no habrá nada mayor a lo que aspirar que el que Su voluntad, Su camino y Su influencia divina puedan sentirse más plenamente en la tierra 
 

miércoles, 5 de junio de 2013

Revelación, mi guía más preciada



De esta última dispensación unos de los profetas que para mí revolucionó en su tiempo fue Ezra Taft Benson, siento que este hombre escogido por Dios dio a conocer verdades que en su época pudieron verse cómo absurdas pero que en estos tiempos se están cumpliendo a cabalidad de acuerdo a su tiempo, por esa razón es mi profeta favorito de entre todos.

No recuerdo muy bien la frase pero esta habla a cerca de que el Padre Celestial se manifiesta de diferentes maneras a sus hijos con las respuestas a nuestras oraciones, es decir Su revelación, de diferentes maneras, ya sea por medio de una escritura, una persona o por medio de nuestros líderes; sea cual sea el medio, Él nos revela lo que necesitamos, vuelvo a recatarlo en Su tiempo.

Desde que tuve la oportunidad de realizar mi progreso personal, me impactó mucho el mensaje de este profeta dejó para nosotras, las hijas de un Rey Celestial, dónde nos pide que desarrollemos atributos celestiales que nos aproximarán mas a Él y Su Reino. A partir de ese momento me hice la meta de buscar el discurso completo y saber que más desea el Padre Celestial de mi, las lágrimas no dejaron de salir, sentí que eran Sus palabras por medio de este hombre escogido, que se impregnaban en mí y me decían ve y hazlo.

No cabe duda en mi corazón que él es un profeta escogido por Dios, por medio de este hombre he sentido la voluntad del Padre para mí, sus palabras han sido eco dentro de mí, he tenido la oportunidad de nacer en su tiempo cómo presidente de la Iglesia. La bendición suprema que tengo es tener profetas en esta tierra, no hay más que hacer y decir, el Evangelio se restauró en su totalidad.




lunes, 27 de mayo de 2013

La Revelación

La revelación es la comunicación de Dios con el hombre. Puede ocurrir de muchas formas diferentes. Algunos profetas, como Moisés y José Smith, hablaron con Dios cara a cara. Algunas personas han tenido una comunicación personal con ángeles. Otras revelaciones han venido, según lo describió el élder James E. Talmage, "ora por sueños cuando uno duerme, ora por visiones cuando las facultades están despiertas."[1]
En sus formas más usuales, la revelación o inspiración viene por medio de palabras o pensamientos que se comunican a la mente (ver D. y C. 8:2-3; Enós 1:10), mediante una iluminación repentina (ver D. y C. 6:14-15), mediante sentimientos positivos o negativos con respecto a cursos de acción propuestos, o aun por medio de representaciones inspiradoras, como en las artes. Como lo ha declarado el Presidente Boyd K. Packer, "la inspiración viene más como un sentimiento que como sonido."[2]
Como supongo que ustedes están familiarizados con estas diferentes formas de revelación o inspiración, he decidido tratar este tema en términos de una clasificación diferente—el propósito de la comunicación. Puedo identificar ocho propósitos diferentes que se cumplen con la comunicación que viene de Dios: (1) testificar, (2) profetizar, (3) consolar, (4) elevar, (5) informar, (6) restringir, (7) confirmar, y (8) impulsar. Describiré cada uno de estos en ese orden, dando algunos ejemplos.
Mi propósito al sugerir esta clasificación y al dar los ejemplos, es persuadir a cada uno de ustedes a que busquen en su propias experiencias y concluyan que ya han recibido revelación y que pueden recibir más revelaciones, porque la comunicación de Dios a los hombres y mujeres es real. El Presidente Lorenzo Snow declaró que es "el gran privilegio de cada Santo de los últimos Días . . . tener las manifestaciones del espíritu cada día de nuestra vidas."[3]
El Presidente Harold B. Lee enseñó que "cada hombre tiene el privilegio de ejercer estos dones y estos privilegios en la conducción de sus propios asuntos; en la crianza de sus hijos en el camino que deben seguir; en el manejo de su negocio, o en lo que haga. Es su derecho el gozar del espíritu de revelación y de inspiración para hacer lo correcto, para ser sabio y prudente, justo y bueno, en todo lo que haga."[4]
Mientras examino los siguientes ocho propósitos de la revelación, espero que reconozcan el grado hasta el cual ustedes ya han recibido revelación o inspiración y que decidan cultivar este don espiritual para usarlo más frecuentemente en el futuro.
1. El Espíritu Santo testifica o revela que Jesús es el Cristo y que el evangelio es verdadero.
Cuando el apóstol Pedro afirmó que Jesucristo era el Hijo del Dios viviente, el Salvador lo llamó bienaventurado, "porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mateo 16:17). Esta preciosa revelación puede ser parte de la experiencia personal de cada buscador de la verdad, cuando se recibe se convierte en una estrella polar para guiarlo en todas las actividades de la vida.
2. Profetizar es otro propósito o función de la revelación.
Al hablar bajo la influencia del Espíritu Santo y dentro de los límites de su responsabilidad, una persona puede ser inspirada a predecir lo que pasará en el futuro.
Quien posee el oficio del profeta, vidente y revelador profetiza para la Iglesia, como cuando José Smith profetizó con respecto a la Guerra Civil (ver D. y C. 87) y cuando predijo que los Santos llegarían a ser un pueblo fuerte en las Montañas Rocallosas. La profecía es parte del llamamiento de un patriarca. Cada uno de nosotros también tiene el privilegio ocasional de recibir revelación profética que ilumine eventos futuros en nuestra vida, como el de un llamamiento que vamos a recibir. Citaré otro ejemplo, después de que nació nuestro quinto hijo, mi esposa y yo ya no tuvimos más hijos. Después de más de diez años llegamos a la conclusión de que nuestra familia ya no sería más grande, lo cual nos entristeció. Entonces un día, mientras mi esposa estaba en el templo, el Espíritu le susurró que tendría otro hijo. Esa revelación profética se cumplió más o menos un año y medio después con el nacimiento de nuestro sexto hijo, al que habíamos esperado durante trece años.
3. Un tercer propósito de la revelación es el de consolar.
Una revelación de este tipo le llegó al profeta José Smith en la cárcel de Liberty. Tras muchos meses de condiciones deplorables, él clamó en dolor y soledad suplicándole al Señor que se acordara de él y de los santos perseguidos. Esta fue la consoladora respuesta:
"Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento; y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará; triunfarás sobre todos tus enemigos" (D. y C. 121:7-8).
El Señor declaró en esa misma revelación que no importaba que tantas tragedias o injusticias le sobrevinieran al Profeta, "entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien" (D. y C. 122:7).
Cada uno de nosotros conoce otros ejemplos de revelaciones de consuelo. Algunos han sido consolados con visiones de sus seres queridos fallecidos o al sentir su presencia. La viuda de un amigo me dijo que había sentido la presencia de su esposo fallecido en la cual le aseguraba su amor y preocupación por ella. Otros han sido consolados al ajustarse a la pérdida de un empleo o de un buen negocio o aun de su matrimonio. Una revelación de consuelo también puede venir como resultado de una bendición del sacerdocio, ya sea por las palabras expresadas o simplemente por el sentimiento comunicado por la bendición.
Otro tipo de revelación de consuelo es la seguridad que se recibe de que un pecado ha sido perdonado. Después de orar durante todo el día y toda la noche un profeta del Libro de Mormón registró que oyó una voz que le dijo, "Tus pecados te son perdonados y serás bendecido."
"Por tanto," escribió Enós, mi culpa fue expurgada" (Enós 1:5-6; ver también D. y C. 61:2). Dicha certeza, que llega a la persona que ha cumplido todos los pasos del arrepentimiento, brinda la seguridad de que el precio se ha pagado, que Dios ha escuchado al pecador arrepentido y de que sus pecados han sido perdonados. Alma describió ese momento como un tiempo en el que ya no se sintió "atormentado por el recuerdo" de sus pecados. "Y ¡oh que gozo, y qué luz tan maravillosa fue la que vi! Sí, mi alma se llenó de un gozo. . . . No puede haber cosa tan intensa y dulce como lo fue mi gozo" (Alma 36:19-21).
4. Relacionado muy de cerca con el sentimiento de consuelo está el cuarto propósito o función de la revelación: elevar.
En algún punto de nuestra vida cada uno de nosotros necesita ser levantado de una depresión, de una sensación de no ser adecuado, o de una corazonada, o simplemente de una mediocridad espiritual. Debido a que levanta nuestro espíritu y nos ayuda a resistir el mal y a buscar el bien, yo creo que el sentirse elevado después de leer las escrituras o de disfrutar de la música, el arte, o la literatura edificantes, es un propósito distinto de la revelación.
5. El quinto propósito de la revelación es informar.
Este puede consistir de la inspiración que le indica a una persona las palabras que debe decir en una ocasión particular, por ejemplo en una bendición patriarcal dicha por un patriarca, o en los sermones u otras palabras que se digan bajo la influencia del Espíritu Santo. El Señor le mandó a José Smith y a Sidney Rigdon que alzaran sus voces y que expresaran los pensamientos que serían puestos en sus corazones, "porque os será dado en la hora, sí, en el momento preciso lo que habéis de decir" (D. y C. 100:5-6; ver también D. y C. 84:85; D. y C. 124:97).
En algunas sagradas ocasiones, se ha dado información mediante conversaciones cara a cara con personajes celestiales, como en las visiones mencionadas en las escrituras antiguas y modernas. En otras circunstancias, la información necesaria se comunica mediante los suaves susurros del Espíritu. Un niño pierde una posesión atesorada, ora por ayuda, y es inspirado a hallarla; un adulto tiene un problema en el hogar, en el trabajo, o en la investigación genealógica, ora y es guiado a la información necesaria para resolverlo; un líder de la Iglesia ora para saber a quién quiere el Señor que llame para ocupar un puesto, y el Espíritu le susurra un nombre. En todos estos ejemplos—muy conocidos por todos nosotros—el Espíritu Santo actúa en Su oficio de maestro y revelador, comunicando verdades e información para la edificación y la guía de quien escucha.
La revelación de Dios sirve para todos estos cinco propósitos: testimonio, profecía, consuelo, elevar, e información. He hablado de ellos en forma breve, principalmente citando ejemplos de las escrituras. Ahora hablaré con más amplitud sobre los otros tres propósitos de la revelación, dando ejemplos de mi propia experiencia.
6. El sexto tipo o propósito de la revelación es el de restringirnos de hacer algo.
Por eso, Nefi, a la mitad de un gran sermón en el que explicaba el poder del Espíritu Santo, súbitamente declara, "Y ahora bien, . . . no puedo decir más; el Espíritu hace cesar mis palabras" (2 Nefi 32:7). La revelación que refrena es una de las formas más comunes de revelación. A menudo llega por sorpresa, aunque no hayamos solicitado revelación o guía acerca de un tema particular. Pero si estamos guardando los mandamientos de Dios y viviendo a tono con el Espíritu, una fuerza restrictiva nos apartará de las cosas que no debamos hacer.
Una de mis primeras experiencias en ser refrenado por el Espíritu sucedió un poco después de haber sido llamado como consejero en una presidencia de estaca en Chicago. En una de las primeras reuniones de presidencia, nuestro presidente de estaca propuso que nuestro nuevo centro de estaca se construyera en un lugar particular. Inmediatamente vi cuatro o cinco buenas razones por las cuales dicho lugar no era el correcto. Cuando se pidió mi opinión y consejo, me opuse a la propuesta y expresé cada una de las razones. Sabiamente, el presidente de estaca propuso que cada uno de nosotros orara al respecto durante una semana y que lo comentaríamos más en nuestra siguiente reunión. Empecé a orar sobre el asunto de forma mecánica, y de inmediato tuve la fuerte impresión de que yo estaba equivocado, que me estaba oponiendo a la voluntad del Señor y que debía dejar de oponerme a ella. No hace falta decir que fui refrenado y me uní a la propuesta de la construcción. Por cierto, la sabiduría de construir el centro de estaca en ese lugar se hizo evidente muy pronto, incluso para mí. Mis razones en contra fueron de corto alcance, y muy pronto me sentí agradecido de que se me haya restringido de confiar en ellas.

Hace algunos años en mi oficina en la Universidad de Brigham Young (BYU) tomé la pluma del escritorio para firmar un documento que se había preparado para mi firma, algo que yo hacía al menos una docena de veces cada día. Ese documento comprometería a la Universidad a seguir un cierto curso de acción que habíamos decidido tomar. Se habían realizado todas las labores necesarias, y todo parecía estar en orden. Pero cuando me disponía a firmar el documento, me sentí tan lleno de presentimientos y pensamientos negativos que lo puse a un lado y solicité que se revisara otra vez todo el asunto. Así se hizo y en unos cuantos días se conocieron nuevos datos que mostraron que el curso de acción sugerido le habría causado a la Universidad muy serios problemas en el futuro.
En otra ocasión el Espíritu vino en mi ayuda mientras preparaba un diario de un caso legal. Un diario consiste de varios cientos de opiniones de las cortes, agregándoles material explicativo así como un texto escrito por quien lo prepara. Mi ayudante y yo habíamos terminado casi todo el trabajo del libro, lo cual incluía la investigación necesaria para estar seguros que las opiniones de la corte no habían sido revertidas o anuladas. Justo antes de mandar el libro al impresor, estaba revisando el manuscrito cuando una opinión en particular me llamó la atención. Al verla tuve un profundo sentimiento de incomodidad. Le pedí a mi ayudante que verificara otra vez dicha opinión para ver que todo estuviera en orden. Él me reportó que todo estaba bien. Al hacer una revisión posterior al manuscrito ya terminado, fui detenido nuevamente en ese caso otra vez con sentimientos de incomodidad. En esa ocasión yo mismo fuí a la biblioteca. Allí descubrí en algunas publicaciones que acababan de llegar, que ese caso había revertido en una corte de apelaciones. Si esa jurisprudencia se hubiera publicado en mi diario, habría causado una vergüenza profesional muy seria. Me salvó el poder restrictivo de la revelación.

7. Confirmar. Una forma común de buscar revelación, consiste en proponer un curso de acción particular, y luego orar por inspiración que lo confirme.

El Señor explicó este tipo de revelación que confirma cuando Oliverio Cowdery falló en sus esfuerzos por traducir el Libro de Mormón: "He aquí, no has entendido; has supuesto que yo te lo concedería cuando tu no pensaste sino en pedirme.

"Pero he aquí, te digo que debes estudiarlo en tu mente; entonces has de preguntarme si está bien; y si así fuere, haré que tu pecho arda dentro de ti; por tanto, sentirás que está bien" (D. y C. 9:7-8).
De igual manera, el profeta Alma compara la palabra de Dios a una semilla y les dice a las personas que estudian el evangelio que si dan lugar a que la semilla sea plantada en sus corazones, la semilla ensanchará su alma e iluminará su entendimiento y empezará a ser deliciosa para ellos (ver Alma 32). Ese sentimiento es la revelación del Espíritu Santo que confirma la veracidad de la palabra.
Hace algunos años, al hablar en BYU sobre el tema "Albedrío o Inspiración," el élder Bruce R. McConkie enfatizó nuestra responsabilidad de hacer todo lo que podamos antes de buscar una revelación. él citó un ejemplo muy personal. Cuando empezó a buscar una compañera para la eternidad, él no se acercó al Señor para preguntarle con quien debía casarse. "Salí y encontré a la señorita que quería," nos dijo, "Ella era adecuada para mí; . . . parecía. . . . que así debía ser . . . [entonces] todo lo que hice fue orar al Señor y pedirle alguna guía y dirección con respecto a la decisión que había tomado."[5]

El élder McConkie resumió su consejo acerca del equilibrio entre el albedrío y la inspiración de la siguiente manera: "Se espera que usemos los dones y los talentos y habilidades, el sentido común, la capacidad de juzgar y el albedrío con que hemos sido investidos . . . Se encuentra incluido en el pedir con fe, el requisito de que primero hemos de hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr la meta que queremos. . . . Se espera que hagamos todo lo que podamos, y entonces buscar una respuesta del Señor, un sello de confirmación de que hemos llegado a la conclusión correcta."[6]

Cuando era Representante Regional tuve el privilegio de trabajar con cuatro miembros del Quórum de los Doce y con otras Autoridades Generales mientras buscaban la inspiración al llamar a Presidentes de Estaca. Todos hicieron lo mismo. Entrevistaron a personas que vivían en la estaca—consejeros en la presidencia de estaca, miembros del sumo consejo, obispos, y otros que tenían experiencia en la administración de la Iglesia—les hicieron preguntas y escucharon su consejo. Al irse efectuando las entrevistas, los siervos del Señor en actitud de oración tomaron en cuenta a cada persona mencionada y entrevistada. Al terminarlas hicieron una decisión tentativa con respecto a quién sería el nuevo presidente de estaca. Esa propuesta fue presentada en oración ante el Señor. Si era confirmada, se extendía el llamamiento. Si no era confirmada, o si había alguna restricción, esa propuesta se dejaba de lado y el procesó continuaba hasta que se llegaba a una nueva propuesta y se recibía la revelación de confirmación.

Algunas veces las revelaciones de confirmación y de restricción se combinan. Por ejemplo, durante mi servicio en BYU se me invitó a dar un discurso ante una asociación nacional de abogados. A causa de que eso tomaría muchos días de preparación, era el tipo de invitaciones que declinaba rutinariamente. Al empezar a dictar una carta para declinar esa invitación en particular, me sentí restringido. Hice una pausa y reconsideré mi acción. Tomé en cuenta en qué forma podría aceptar la invitación, y cuando lo vi bajo esa luz, sentí la certera confirmación del Espíritu y supe que eso era lo que debía hacer.

El discurso que resultó, "Una Universidad Privada considera la reglamentación del Gobierno," abrió la puerta a una gran cantidad de oportunidades importantes. Fui invitado a dar ese mismo discurso ante varios grupos de prominencia nacional. Fue publicado en Vital Speeches [Discursos Vitales], en un periódico profesional, y en varios otros periódicos y libros, de los cuales se usó como una declaración significativa de los intereses de las universidades privadas en cuanto a la libertad de no estar sujetos a los requisitos del gobierno. Este discurso llevó a que BYU fuera consultada por varios grupos de iglesias pidiendo consejo con respecto a la relación adecuada entre el gobierno y los colegios asociados con iglesias. Esas consultas a su vez contribuyeron a que se formara una organización nacional de escuelas y universidades asociadas a iglesias que ha probado ser una magnífica coalición para oponerse en lo futuro a los reglamentos gubernamentales injustos o poco sabios. Al ver en retrospectiva ese evento, no tengo dudas de que esa invitación que casi rechacé fue una de esas ocasiones en las que un hecho al parecer insignificante marcó una gran diferencia.

Esas son las ocasiones en las que es vital que recibamos la guía del Señor, y esas son las veces en que la revelación vendrá a ayudarnos si es que la escuchamos y le hacemos caso.

8. Impulsar. El octavo propósito o tipo de revelación consiste en aquellas instancias en las que el Espíritu estimula a la acción a alguien.

Este no es un caso en el cual una persona se propone hacer algo y el Espíritu lo confirma o lo refrena. Se trata del caso en que la revelación viene sin buscarla e impulsa a la persona a que haga algo que no pensaba hacer. Obviamente, este tipo de revelación no es tan frecuente como los otros, pero su misma rareza la hace más significativa.

Un ejemplo de las escrituras se encuentra registrado en el primer libro de Nefi. Después de haber intentado obtener los registros preciosos del salón del tesoro en Jerusalén, el Espíritu del Señor le mandó que matara a Labán al encontrarlo ebrio en la calle. Esta no era la intención de Nefi y se sobrecogió y se opuso al Espíritu, pero nuevamente fue compelido a matar a Labán, y al fin obedeció a la revelación (ver 1 Nefi 4).

Los estudiosos de la historia de la Iglesia recordarán el relato de Wilford Woodruff en el cual una noche le vino la impresión de que debía mover su carromato y sus mulas lejos de una árbol. Así lo hizo, y su familia y sus animales se salvaron ya que el árbol fue derribado por un tornado que azotó treinta minutos después.[7]

Mi abuela Chasty Olsen Harris tuvo una experiencia semejante cuando era una jovencita. Estaba cuidando a unos niños que jugaban en el cauce de un río seco cerca de su casa en Castle Dale, Utah. De repente oyó una voz que la llamó por su nombre y le mandó que sacara a los niños del río y que los subiera a la orilla. Era un día despejado, y no había indicios de que fuera a llover. No vio razones para obedecer la voz así que continuó jugando. La voz le habló otra vez, apurándola. Esta vez obedeció la advertencia. Reunió a los niños muy rápidamente y corrieron hacia la orilla. Tan pronto como alcanzaron la orilla, una enorme pared de agua, que se originó en las montañas a muchas millas de distancia a causa de un chaparrón, pasó rugiendo por donde los niños habían estado jugando. De no haber sido por esa revelación impulsora, ella y los niños hubieran muerto.

El profesor Marvin Hill y yo teníamos nueve años trabajando en el libro Carthage Conspiracy [La Conspiración de Cartago] que trata acerca del juicio a los asesinos de José Smith, en el año 1845. Teníamos varios juegos de minutas del juicio; algunas tenían el nombre de su autor y otras no estaban firmadas. Las minutas más completas no estaban firmadas, pero debido a que las habíamos conseguido en la Oficina del Historiador de la Iglesia, estábamos seguros que se trataba de las minutas preparadas por George Watt, el escribano oficial de la Iglesia, que fue enviado para que registrara los procedimientos del juicio. Así lo hicimos notar en siete borradores del manuscrito de nuestro libro y revisamos todas nuestras fuentes en base a esa suposición.

Finalmente, el libro se terminó, y en unas pocas semanas mandaríamos el manuscrito final al impresor. Mientras estaba en mi oficina en BYU un sábado por la tarde, me sentí impelido a revisar un conjunto de libros y folletos que no habíamos estudiado y que estaba en una mesa detrás de mi escritorio. En la parte de abajo de una pila de 50 0 60 publicaciones distintas, encontré un catálogo impreso de las cosas que había en el Museo de Wilford C. Wood, y cuyo autor, el profesor LaMar Berrett, me había enviado un año y medio antes. Al mirar rápidamente este catálogo de los manuscritos de la Historia de la Iglesia, me fije en la página que describía el manuscrito de las minutas del juicio que le habíamos atribuido a George Watt. Esta página del catálogo decía que Wilford Wood había comprado en Illinois el original de esas minutas y le había dado a la iglesia la versión mecanografiada que habíamos obtenido en la oficina del Historiador.

De inmediato fuimos al museo Wilford Wood que se encuentra en Woods Cross, Utah, y allí conseguimos información adicional que nos permitió determinar que las minutas que creíamos que era la fuente oficial de la Iglesia, habían sido preparadas por uno de los abogados defensores. Volvimos a la Oficina del Historiador de la Iglesia y pudimos localizar por primera vez el juego original de las minutas del juicio preparadas por George Watt y que son oficiales y auténticas. El descubrimiento de estos documentos nos evitó un error muy grave en la identificación de una de nuestras principales fuentes de información y nos permitió enriquecer el contenido de nuestro libro de forma muy significativa. La impresión que recibí ese día en mi oficina es un ejemplo muy apreciado de la manera en que el Señor nos ayudará en nuestros propósitos profesionales rectos si es que calificamos para recibir las impresiones de Su Espíritu.

Poco después de empezar mi servicio en BYU, tuve otra experiencia especial con la revelación que impulsa. Como nuevo presidente, y sin experiencia, tenía muchos problemas que analizar y muchas decisiones que tomar. Por eso dependía mucho del Señor. Un día de octubre fui al Cañón de Provo para meditar en un problema particular. Aunque estaba solo y sin ningún tipo de interrupciones, me di cuenta que no me podía concentrar en el problema que me ocupaba. Otro asunto pendiente para el cual no estaba listo para analizar estaba metiéndose en mi mente: ¿Debíamos cambiar el calendario escolar a fin de terminar el semestre de otoño antes de la navidad?

Después de diez o quince minutos de esfuerzos infructuosos por eliminar este tema, comprendí qué era lo que estaba pasando. Me parecía que no era el momento de tratar el tema del calendario, y por lo mismo, no estaba buscando orientación al respecto, pero el Espíritu estaba tratando de comunicarse en este tema. Inmediatamente dediqué toda mi atención a ese asunto y empecé a registrar en una hoja de papel todas mis ideas. En unos cuantos minutos ya había anotado todos los detalles para un calendario de tres semestres con todas sus poderosas ventajas.

Regresé de prisa a la universidad y comenté el caso con mis colegas y se entusiasmaron mucho. Unos días después La Junta de Directores aprobó nuestro nuevo calendario propuesto, y publicamos sus fechas, justo a tiempo para hacerlo efectivo en el otoño de 1972. Desde entonces, he leído una y otra vez estas palabras del profeta José Smith y comprendí que tuve la experiencia que él describe: "Una persona podrá beneficiarse si percibe la primera impresión del espíritu de la revelación. Por ejemplo, cuando sentís que la inteligencia pura fluye en vosotros, podrá repentinamente despertar en vosotros una corriente de ideas, . . . y así, por conocer y entender el Espíritu de Dios, podréis crecer en el principio de la revelación."[8]

Ya he descrito ocho tipos o propósitos diferentes de la revelación: (1) testificar, (2) profetizar, (3) consolar, (4) elevar, (5) informar, (6) restringir, (7) confirmar, e (8) impulsar. Cada uno de estos se refiere a las revelaciones que se reciben. Antes de terminar, sugeriré unas cuantas ideas acerca de las revelaciones que no se reciben.

Primero, debemos entender lo que puede ser llamado como el principio de "la responsabilidad en la revelación". La casa de nuestro Padre Celestial es una casa de orden, en la cual se manda a Sus siervos a "obrar en el oficio al cual fuere[n] nombrado[s]" (D. y C. 107:99). Este principio es aplicable a la revelación. únicamente el Presidente de la Iglesia recibe revelación para guiar a toda la Iglesia. Solamente el presidente de una estaca recibe revelación para la guía especial de esa estaca. La persona que recibe revelación para el barrio es el obispo. Para la familia, es el principal poseedor del sacerdocio en la familia. Los líderes reciben revelación para sus áreas de responsabilidad. Los individuos pueden recibir revelación para guiar sus propias vidas.

Pero cuando una persona pretende recibir revelación para otra persona fuera de su propia área de responsabilidad—como el miembro de la Iglesia que clama tener revelación para dirigir a toda la Iglesia o una persona que clama tener revelación para dirigir a otra persona sobre la cual no tiene autoridad de presidencia de acuerdo al orden de la Iglesia—pueden estar seguros que tal revelación no es del Señor. "Hay señales falsas."[9] Satanás es un gran engañador, y él es la fuente de algunas de estas revelaciones espurias. Las otras son imaginarias.

Si una revelación está fuera de los límites de tu responsabilidad específica, sabes que no viene del Señor y por lo tanto no estás obligado por ella. He oído de casos en los que un joven le dijo a una señorita que debía casarse con él porque había recibido una revelación de que ella debía ser su compañera eterna. Si esta es una revelación verdadera, le será confirmada directamente a ella, si es que ella lo quiere saber. Mientras tanto, ella no tiene obligación de obedecerla. Ella debe buscar su propia guía y poner en orden su mente. El hombre puede recibir revelación para dirigir sus propias acciones, pero él no puede recibir revelación apropiada para dirigir las acciones de ella. Ella está fuera de su jurisdicción.

¿Y que de las ocasiones en las que buscamos revelación y no la recibimos? No siempre que solicitamos inspiración o revelación la recibimos. Algunas veces se demora la recepción de la revelación, y otras veces se nos permite usar nuestro propio juicio. No podemos forzar las cosas espirituales. Y así debe ser. El propósito de nuestra vida, que es obtener experiencia y ganar fe, se frustraría si nuestro Padre Celestial nos dirigiera en cada hecho, aun en cada hecho importante. Debemos tomar decisiones y experimentar sus consecuencias a fin de que desarrollemos la fe y la confianza en nosotros mismos.

Algunas veces no recibimos respuesta a nuestras oraciones, aun en las decisiones que consideramos muy importantes. Esto no quiere decir que nuestras oraciones no han sido escuchadas. Esto solo significa que hemos orado por una decisión que, por una razón u otra, debemos tomar sin la guía de la revelación. Quizás hemos pedido guía para escoger entre alternativas que son igualmente aceptables o igualmente inaceptables. Me permito sugerir que no hay una respuesta correcta o equivocada para cada pregunta. Para muchas preguntas solamente hay dos respuestas correctas o dos respuestas equivocadas. De esta forma, una persona que busca inspiración para decidir de cual de dos maneras se puede desquitar de otra persona que le hizo daño, es posible que no reciba una revelación. Tampoco la recibirá una persona que no tiene que decidir a causa de un evento futuro que se interpondrá, por ejemplo, que haya una tercera alternativa que sea claramente preferible. Una vez, mi esposa y yo estuvimos orando fervientemente para recibir guía para una decisión que parecía ser muy importante. No llegó ninguna respuesta. Se nos dejó solos para proceder en base a nuestro mejor juicio. No entendíamos el por qué el Señor no nos había ayudado con una impresión de confirmación o de restricción. No pasó mucho tiempo sin que supiéramos que no teníamos que tomar una decisión en esa cuestión ya que algo había sucedido que hizo que ya no se necesitara la decisión. El Señor no nos iba a guiar en escoger algo no necesario.

Es muy probable que una persona no reciba respuesta si busca ayuda para decidir entre dos cosas que son igualmente aceptables para el Señor. Así que, hay ocasiones en las que podemos ser igualmente útiles en dos lugares distintos. Cualquier respuesta es correcta. De igual manera, el Espíritu del Señor no nos dará revelación en asuntos triviales. Una vez en una reunión de testimonios escuché a una joven mujer que elogiaba la espiritualidad de su esposo, diciendo que él le presentaba al Señor cada pregunta que tenía. Dijo que la acompañaba a hacer las compras y que ni siquiera escogía entre dos marcas de vegetales enlatados sin que primero hiciera una oración al respecto. Esto me suena a algo indebido. Yo creo que el Señor espera que usemos la inteligencia y la experiencia que nos ha dado para que hagamos este tipo de decisiones. Cuando un miembro le pidió consejo al Profeta José Smith en cierto asunto particular, el Profeta declaró: "Es una gran cosa el pedir de las manos del Señor o el venir a Su presencia; y nos sentimos temerosos de acercarnos a él sobre asuntos de poca o ninguna importancia."[10]


Por supuesto, no siempre podemos juzgar si algo es trivial. Si parece que un asunto es de poca importancia, debemos proceder en base a nuestro propio juicio. Si la decisión es importante debido a cosas que desconocemos, tal como la invitación para hablar que comenté anteriormente, o escoger entre dos latas de vegetales cuando una contiene veneno, el Señor intervendrá y nos dará la ayuda. Cuando una decisión marcará una diferencia en nuestras vidas—sea obvia o no—y si estamos viviendo a tono con el Espíritu y buscamos su ayuda, podemos estar seguros de que recibiremos la guía que necesitamos para lograr nuestra meta. El Señor no nos dejará sin ayuda cuando una decisión sea importante para nuestro bienestar eterno.

domingo, 19 de mayo de 2013

¿Cómo te amo?

Deseo hablarles esta mañana acerca del amor como el de Cristo y de lo que a mi modo de ver tal tipo de amor puede y debe significar en relación a las amistades, el noviazgo, el cortejo y, a la larga, el matrimonio.

Encaro el tema con el pleno entendimiento de que es cierto lo que apenas hace un mes me dijo una recién casada: “¡Vaya si habrá cantidad de consejos al respecto!”. No es mi deseo el agregar sin razón más palabrería a esta abundante cantidad de consejos sobre el romance, pero creo que con la única excepción de ser miembros de la Iglesia, no existe afiliación más importante que la de “ser miembro de un matrimonio”, ni en esta tierra ni en la eternidad, y para los fieles, lo que no llega en esta vida llegará en la eternidad. Por lo cual, tal vez me perdonen ustedes el que, efectivamente, les dé más consejos, pero los consejos que deseo darles provienen de las Escrituras, del Evangelio, siendo éstos consejos válidos para los varones como para las mujeres. Nada tienen que ver con lo que está de moda, las opiniones populares o los truquitos amorosos, sino que tienen que ver sólo con la verdad. Así que les ruego que esta mañana me permitan colocar la amistad, el noviazgo y el matrimonio a la luz de las Escrituras y también comunicarles lo que es el amor verdadero.

Después de su maravilloso discurso sobre la caridad, Mormón nos dice en el séptimo capítulo de Moroni que ésta, la más elevada de todas las virtudes cristianas,deberá conocerse más correctamente como “el amor puro de Cristo”…y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien.

La caridad verdadera, el amor absolutamente puro y perfecto de Cristo, sólo se ha exhibido una vez en la historia del mundo: por medio de Cristo mismo, el Hijo viviente del Dios viviente. Mormón describe ese amor de Cristo con bastante detalle, así como lo hizo el apóstol Pablo algunos años antes al escribir su epístola a los corintios en la época del Nuevo Testamento. Al igual que con todas las cosas, el único que logró hacer todo totalmente bien, de manera perfecta, amando de la manera que todos intentamos amar fue Cristo, pero a pesar de que no logramos esa perfección, la norma divina se ha establecido.Dicha norma representa una meta por la cual debemos seguir esmerándonos, luchando, y con certeza, se trata de una meta que debemos apreciar continuamente.

Al hablar de este tema, permítanme recordarles que, tal como Mormón enseñó claramente, este amor, facultad, capacidad y correspondencia que todos deseamos tan vehementemente es un don. Se otorga, como dijo Mormón, lo cual implica que no viene sin esfuerzo y sin paciencia, pero al igual que la salvación misma, se trata en realidad de un don que Dios da a los “discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo”. Las soluciones a los problemas de la vida siempre provienen del Evangelio, tanto así que no sólo las respuestas se encuentran en Cristo, sino también el poder, el don, el otorgamiento, el milagro de dar y de recibir dichas preguntas. En lo que al amor se refiere, no existe doctrina más alentadora que esa.

El título de mi discurso proviene del maravilloso soneto “¿Cómo te amo?” de la Sra. Browning (Elizabeth Barrett Browning, Sonnets from the Portuguese, 1850, núm. 43). En esta ocasión no voy a entrar en detalles, pero me llama la atención el adverbio que escogió la poetisa; no escogió cuándo te amo, ni dónde te amo, ni por qué te amo, ni por qué no me amas, sino cómo. ¿Cómo te lo demuestro? ¿Cómo te revelo el verdadero amor que siento por ti? La Sra. Browning tenía razón: el amor verdadero se evidencia mejor en el “cómo”, y es precisamente con el “cómo” que Mormón y Pablo nos sirven de más ayuda.

El primer elemento del amor divino, del amor puro, que estos dos profetas enseñan es la benignidad, la abnegación, la falta de interés por sí mismo, de vanidad y de egocentrismo que consume. “Y la caridad es sufrida yes benigna, y no tiene envidia, ni se envanece, no busca lo suyo…”. He escuchado al presidente Hinckley enseñar en público y en privado lo que supongo que han enseñado todos los líderes: la mayoría de los problemas en el amor y en el matrimonio en realidad comienzan con el egoísmo. No es de sorprenderse que este comentario de las Escrituras —en el cual se esboza ese amor ideal que Cristo, el hombre más abnegado que jamás vivió, dio como ejemplo—comience por este punto.

Son muchas las cualidades que deben buscar en un amigo o en un novio (y está de más decir que en un cónyuge y compañero eterno), pero ciertamente figurará entre las primeras y las más básicas el que la persona sea sensible y atenta para con los demás, características mínimas de la abnegación que evidencian compasión y cortesía. “La mejor parte en la vida del hombre es su… bondad”, escribió el Sr. William Wordsworth (Lines Composed a Few Miles Above Tintern Abbey, 1798, versos 33–35). En todos nosotros abundan las limitaciones que esperamos que nuestra pareja pase por alto. Supongo que nadie tiene la apariencia o el dinero o la inteligencia para los estudios o la gracia en el habla que quisiera tener, pero en un mundo de tantos talentos y suertes que no siempre podemos controlar, me parece que lo que nos hace más atractivos son las cualidades que sí podemos controlar, tales como el ser atentos y pacientes, el hablar con amabilidad y el deleitarnos en los logros ajenos. No nos cuesta nada tener esos gestos, pero para quien los recibe, pueden significar todo.

Me gusta que Mormón y Pablo nos indiquen que el individuo que realmente ama, no “se envanece”. ¡No se envanece! Fantástica la idea, ¿verdad? ¿Nunca han estado con alguien que es tan presumido y vano que parecía tener un cartel con las palabras “yo me quiero a mí”? El Sr. Fred Allen observó que ese tipo de persona cree poder salir a pasear en el día de los enamorados tomándose su propia mano. El amor verdadero florece cuando nos importa más la otra persona que nosotros mismos. Esa clase de amor se ve en el gran ejemplo de la expiación de Cristo, y debería verse más en la bondad que mostramos, el respeto que damos, la abnegación y la cortesía que evidenciamos en nuestras relaciones. El amor es frágil, y existen elementos en la vida que procuran destruirlo. Es mucho el daño que se puede hacer si no nos encontramos en manos tiernas y bondadosas. El entregarnos por total a otra persona, como lo hacemos en el matrimonio, es el paso de todas las relaciones humanas que mayor confianza requiere, ya que se trata de un acto de verdadera fe, una fe que todos debemos estar dispuesto a ejercer.

Si lo hacemos bien, compartimos todo con la otra persona: nuestras esperanzas, miedos, sueños, flaquezas y alegrías. No puede haber noviazgo serio, ningún compromiso o matrimonio que valga la pena si no invertimos todo lo que tenemos, y de ese modo nos depositamos toda nuestra confianza en la persona que amamos. No se puede hallar el éxito en el amor si, por las dudas, nos mantenemos aunque sea un poco aislados emocionalmente. La naturaleza misma de la relación hace necesario que uno se aferre al otro con todas sus fuerzas y que ambos se lancen juntos a la piscina. Teniendo eso en mente, y también el llamado de Moroni en pro del amor puro, deseo recalcar lo vulnerable y delicado que es el futuro del compañero que les acompaña, cuyo futuro se coloca en las manos de ustedes con el fin de que lo resguarden, sea hombre o mujer, porque se aplica en ambos casos.

Mi señora y yo llevamos casi 37 años de casados, o sea que nos faltan unos seis años para haber estado juntos el doble de tiempo del que estuvimos separados. No sé todo sobre ella, pero he aprendido bastante en 37 años, así como ella ha aprendido. Sé lo que le gusta y lo que no, así como ella lo sabe de mí. Conozco sus gustos, intereses, anhelos y sueños, así como ella conoce los míos. A medida que nuestro amor ha aumentado y nuestra relación ha madurado, ha ido aumentando nuestra franqueza respecto a esas cosas. El resultado es que ahora entiendo con mayor claridad cómo ayudarla, y, si quisiera, exactamente cómo herirla. En la honestidad de nuestro amor —un amor que no puede ser verdaderamente como el de Cristo si no hay devoción total—, no cabe duda que Dios me tendrá por responsable de cualquier daño que yo le cause a ella si intencionalmente la exploto o hiero después de que ella ha depositado tanta confianza en mí, habiéndose despojado hace mucho tiempo de cualquier tipo de barrera de protección, a fin de que podamos ser “una carne”, como dice el pasaje de las Escrituras. Si yo le colocase trabas o la aplacara en cualquier forma con el fin de anteponerme a ella o de satisfacer mi vanidad o de sentir que la domino emocionalmente, eso debería descalificarme de inmediato de ser su esposo. De hecho, debería condenar mi alma miserable a una prisión eterna en ese edificio grande y espacioso que, según Lehi, es la cárcel de quienes están llenos de “vanas ilusiones” y del “orgullo del mundo”. ¡Con razón el edificio está ubicado al lado contrario al del árbol de la vida que representa el amor de Dios! Cristo jamás fue envidioso ni jactancioso, ni se vio consumido en la satisfacción de sus propias necesidades.

Ni siquiera una sola vez, ni una, procuró sacar ventaja abusando de otro; por lo contrario, se deleitó en la felicidad de los demás, en la felicidad que Él les podía dar. Él fue por siempre bondadoso. En el cortejo, yo les recomendaría que no pasaran ni cinco minutos con alguien que los desprecie, que los critique constantemente, que les sea cruel y tenga la audacia de llamarlo humor. La vida de por sí es dura, por lo cual no necesitan estar con alguien que, aunque se supone que los ama, esté constantemente minándoles la autoestima, el sentido de dignidad, la confianza y la alegría. Cuando estén en manos de esta persona, ustedes tienen el derecho a sentirse a salvo físicamente y seguros emocionalmente.

Los miembros de la Primera Presidencia han enseñado que “cualquier maltrato a cualquier mujer no es digno de ningún poseedor del sacerdocio” y que “[ay de] cualquier hombre poseedor del sacerdocio de Dios que de cualquier forma maltrate a su esposa, que degrade, o hiera, o se aproveche indebidamente de… mujer” alguna, lo cual incluye a amigas, muchachas con las que salgan, novias, prometidas y, claro está, esposas (James E. Faust, “El más elevado lugar de honor”, Liahona, julio de 1988, pág. 39, y Gordon B. Hinckley, “El bien frente al mal”, Liahona, enero de 1983, pág. 145).

Así sea que cuando vayan a salir sólo a comer o a practicar algún deporte, vayan con alguien con quien puedan divertirse de manera buena y sana. Por otro lado, cuando salgan en plano de noviazgo, o con alguien que podría llegar a ser su novio, les pido que por favor lo hagan con una persona que les inspire a superarse y que no sienta celos del éxito que ustedes puedan tener, que sea con alguien que sufra cuando ustedes sufren y a quien la felicidad de ustedes le provoque felicidad propia.

La segunda parte de esta enseñanza en Moroni 7:45 que las Escrituras nos presentan sobre el amor dice que la caridad verdadera, o sea, el amor verdadero “…no se irrita fácilmente, no piensa el mal, no se regocija en la iniquidad”. Piensen en la cantidad de discusiones y de sentimientos heridos que se podrían salvar, de personas que se podrían empezar a hablar de nuevo y, en el mejor de los casos, de separaciones y divorcios que se podrían evitar, si no nos enojáramos tan fácilmente, si no pensáramos lo malo de los demás y si, además de no regocijarnos en la iniquidad, ni siquiera nos regocijáramos en las pequeñas equivocaciones.
Las rabietas no son agradables ni siquiera en el caso de los niños, y son odiosas en los adultos, en particular si se trata de adultos que supuestamente se aman. Nos enfadamos con demasiada facilidad. Somos demasiado propensos a pensar que nuestro compañero nos quiso hacer un daño, un mal, como quien dice. Y por estar a la defensiva o responder con celos, con demasiada frecuencia nos regocijamos cuando vemos que él se equivoca o nos damos cuenta que él tiene la culpa. Seamos más disciplinados en lo que concierne a este asunto, actuando como personas un poco más maduras. Si es necesario, muérdanse la lengua. “Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad” (Proverbios 16:32). Tal vez una de las cosas que marca la diferencia entre un matrimonio mediocre y uno grandioso es que en el caso del matrimonio grandioso, los cónyuges pasan por alto algunas cosas sin hacer comentarios y sin reaccionar.

Anteriormente hice mención de Shakespeare. Cuando alguien pronuncia un discurso sobre el amor y el romance, no está de más esperar que se haga alguna referencia a Romeo y Julieta, pero permítanme hacer referencia a una historia mucho menos virtuosa. En el caso de Romeo y Julieta, el desenlace fue el resultado de la inocencia descarriada, una especie de yerro triste y desconsolador entre dos familias que debieron ejercer mejor juicio, pero en el relato de Otelo y Desdémona, la angustia y la destrucción son calculadas, impulsadas por la malicia desde el principio. De todos los villanos que aparecen en las obras de Shakespeare, y tal vez en toda la literatura, no aborrezco a ninguno como a Yago. Incluso la mención de su nombre me hace pensar en el mal, o por lo menos su nombre ha llegado a asociarse con el mal. ¿Y en qué consiste su mal, y la susceptibilidad trágica, casi inexcusable, que Otelo le tiene a tal mal? Consiste en la violación de Moroni 7 y 1 Corintios 13. Entre otras cosas, pensaron que había mal en donde no había, aceptaron una maldad imaginada. Estos villanos no se regocijaron “en la verdad”. Refiriéndose a la inocente Desdémona, Yago dijo lo siguiente: “Así la enviscaré en su propia virtud y extraeré de su propia generosidad la red que [capture] a todos en la trampa” (William Shakespeare, Otelo, el moro, acto segundo, escena tercera, versos 366–368).

Sembrando la duda y las insinuaciones endiabladas, fomentando los celos y el engaño y finalmente la ira asesina, Yago logra hacer que Otelo le quite la vida a Desdémona, convirtiendo a la virtud en visco, a la bondad en una mortal red. Ahora bien, gracias al cielo, esta mañana y en este lugar algo inocente, no estamos hablando de la infidelidad, real o imaginada, ni del asesinato, pero dado que estamos en un lugar donde se fomenta el aprendizaje universitario, desglosemos las enseñanzas que se nos presentan. Piensen lo mejor de los demás, especialmente de los que ustedes aman. Den por sentado lo bueno y pongan en duda lo malo. Nutran dentro de ustedes mismos lo que Abraham Lincoln llamó “lo más noble y santo de nuestra naturaleza” (Primer discurso inaugural, 4 de marzo de 1861). Otelo se pudo haber salvado, incluso en el último momento, cuando besó a Desdémona y su pureza resultó tan evidente. “¡Oh, [beso] que casi persuade a la justicia a romper su espada!” declaró Otelo (acto quinto, escena segunda, versos 16–17).
Pues bien, él hubiera podido evitar la muerte de ella y su propio suicidio consecuente si hubiera roto lo que él llamó la espada de la justicia en lugar de, por así decirlo, ajusticiarla a ella. Este relato trágico y triste que nos llega de los días de la reina Elizabeth de Inglaterra pudo haber tenido un desenlace esplendoroso y feliz si un hombre no hubiera pensado el mal y no hubiera ejercido su influencia para hacer que otro pensara el mal, si un hombre no se hubiera regocijado en la iniquidad sino en la verdad.

En tercer lugar, y por último, los profetas nos dicen que el amor verdadero “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1 Corintios 13:7). Una vez más, lo que tenemos aquí es en realidad una descripción del amor de Cristo; Él es el ejemplo perfecto de alguien que sufrió y creyó y esperó y soportó. A nosotros se nos extiende la invitación de hacer lo mismo en el cortejo y en el matrimonio, hasta donde nos sea posible. Soporten. Esperen. Hay cosas en la vida que quedan fuera de nuestro control, y esas son las que se deben soportar. En el amor y en la vida matrimonial, hay ciertas decepciones con las que tenemos que vivir, hay ciertas situaciones en la vida que nadie quiere enfrentar, pero que cuando ocurren, hay que soportarlas, creyendo y esperando que las angustias y dificultades lleguen a su fin; hay que soportar hasta que al final, las cosas se arreglen. Uno de los grandes objetivos del amor verdadero es ayudarse el uno al otro en esos momentos difíciles.

Nadie debería enfrentar esas pruebas solo. Podemos soportar casi todo si tenemos a alguien a nuestro lado que nos ama de verdad y que nos aliviana la carga. Al respecto, un amigo que enseña en BYU, el profesor Brent Barlow, me comentó algo sobre las marcas que se pintan en los cascos de los barcos para indicar la cantidad máxima de cargamento que los navíos pueden llevar sin hundirse. Cuando era joven y vivía en Inglaterra, Samuel Plimsoll disfrutaba de ver cómo cargaban y descargaban los barcos. Pronto advirtió que, sin importar cuánto espacio tuviera la nave para cargamento, todo barco tenía su capacidad máxima, capacidad que si era excedida, probablemente resultara en que el navío se hundiera en alta mar. En 1868, Plimsoll pasó a formar parte del parlamento, e hizo aprobar la ley de transporte marítimo mercantil, según la cual, entre otras cosas, se habían de hacer cálculos que determinaran cuánto cargamento podía transportar cada embarcación, con el resultado de que en Inglaterra se comenzaron a trazar en el casco de cada nave las marcas que ya mencioné. Cuando se colocaba el cargamento en la nave, la embarcación se hundía de a poco hasta que el agua llegaba a las marcas de Plimsoll, momento en que se consideraba que el barco había llegado a su capacidad máxima, sin importar cuanto espacio vacío sobraba. El resultado fue que el número de británicos que morían en alta mar se redujo en gran manera.

Al igual que los navíos, las personas tienen diferente capacidad en momentos diferentes e incluso en días diferentes. Es así que en nuestras relaciones debemos trazar nuestras propias marcas de Plimsoll y ayudar a determinar las de nuestros seres queridos.

Juntos debemos prestar atención a los niveles de carga y, cuando veamos que nuestro amado se hunde, ayudar a desechar parte de la carga o ajustarla. Una vez que la nave del amor se encuentre estable nuevamente, podremos hacer una evaluación de lo que se puede conservar a largo plazo, lo que puede dejarse para más tarde y lo que debe abandonarse. Los amigos, los novios y los cónyuges deben tener la habilidad de prestar atención constante a las presiones de cada uno y de reconocer las etapas cambiantes de la vida. Tenemos el deber del uno para con el otro de establecer ciertos límites y de ayudar a deshacernos de ciertas cosas si éstas arriesgan la salud emocional y la fortaleza de la relación amorosa. Recuerden que el amor puro “todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, y ayuda a los seres queridos a hacer lo mismo.

A modo de conclusión: En sus palabras de testimonio finales, Mormón y Pablo declaran que “la caridad [o el amor puro] nunca deja de ser” (Moroni 7:46, 1 Corintios 13:8). Tal amor perdura en las buenas y en las malas, cuando hace sol y cuando hay tormenta. Nunca deja de ser. Cristo nos amó de esa manera, y es así que Él anhela que nos amemos los unos a los otros, lo cual queda claro en una instrucción final que dio a sus discípulos de todas las épocas: “Un nuevo mandamiento os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado” (Juan 13:34; cursiva agregada). Por supuesto, ese poder de perseverancia como el de Cristo, en el romance y el matrimonio, requiere que demos más de lo que realmente tenemos, puesto que requiere algo adicional: una dádiva celestial. Recuerden que Mormón prometió que tal amor, el amor que cada uno anhela y al cual se aferra, se otorga a los discípulos verdaderos de Cristo. ¿Desean ustedes capacidad, seguridad y protección en el noviazgo y en el romance, en la vida matrimonial y en la eternidad?.

Sean fieles discípulos de Jesús. Sean Santos de los Últimos Días genuinos y devotos de palabra y hechos. Crean que su fe tiene que ver en todo lo relacionado con su romance, porque así es. Separar el noviazgo del discipulado es riesgoso, o en palabras más positivas, Jesucristo, la Luz del Mundo, es la única lámpara con la cual pueden ver con éxito el sendero del amor y la felicidad de ustedes y de su ser amado. ¿Cómo te debo amar? Así cómo Él lo hace, de la manera que “nunca deja de ser”. De ello testifico, en el nombre de Jesucristo. Amén.

*Brigham Young University (1999–2000 Speeches, págs. 158–162)

Élder y Hermana Holland

martes, 9 de abril de 2013

El reflejo en el agua

Dieter F. Utchdorf

Mis queridos hermanos y hermanas, si tomamos los dos himnos que acabamos de escuchar: “Loor al Señor, el Todopoderoso” y “Haz tú lo justo”, y los convertimos en el lema de nuestra vida, estaremos bien encaminados para regresar a nuestro Padre Celestial. ¡Qué panorama tan hermoso presentan! En mi imaginación, puedo ver muchos otros rostros como los suyos: miembros jóvenes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días de todas las naciones del mundo. No todos se ven iguales, pero tienen muchísimo en común. Considero que ésta es una oportunidad selecta, y le agradezco al presidente Monson por darme esta oportunidad de pasar unos cuantos minutos con ustedes.

El patito feo

Uno de los autores más queridos de todas las épocas fue el escritor danés Hans Christian Andersen. En una de sus historias, “El patito feo”, una mamá pata descubre que uno de sus pequeños patitos es muy feo y más grande de lo normal. Al principio, la madre se pregunta si habría incubado el huevo de un pavo, pero el feo pequeñito podía nadar tan bien como sus otros hijos; entonces llega a la conclusión de que el pobrecito simplemente es anormal y que está desfigurado.

Sin embargo, los otros patitos no dejan al patito feo en paz. Lo molestan despiadadamente, lo picotean, se burlan de él y lo hacen sentir miserable. Finalmente, el patito feo decide que será mejor para todos si deja a su familia; entonces se escapa. Durante el crudo frío del primer invierno que pasa solo, el pobre patito casi muere de frío, pero se las arregla para sobrevivir. A pesar de las privaciones que pasa, siente que se está haciendo más fuerte y le encanta desplegar las alas y levantar vuelo, aun estando solo.


Entonces un día ve volar una bandada de pájaros majestuosos: blancos como la nieve, sus movimientos son elegantes, tienen cuellos largos y amplias y elegantes alas. ¡Qué criaturas tan gloriosas y felices! El patito feo anhela volar con ellos, pero tiene miedo de que lo maten por ser tan feo; no obstante, luego decide que eso sería mucho mejor que los eternos picoteos de los otros animales o que morir de frío en invierno. Así que comienza a volar y los sigue a un hermoso lago, donde se acomodan sobre el agua.

Cuando aterriza, el patito feo ve en el agua el reflejo de un espléndido cisne. De a poco, sin poder creerlo al principio, ¡el patito feo se da cuenta de que el reflejo es suyo! Para su sorpresa, los otros cisnes lo acogen y coinciden en que él es el cisne más hermoso y majestuoso de todos. Finalmente, descubre su verdadera identidad.

Las grandes preguntas

Al igual que este cisne, la mayoría de nosotros hemos sentido en algún momento dado que no encajamos. Mucha de la confusión que tenemos en la vida proviene simplemente de no comprender quiénes somos. Muchísima gente va por la vida pensando que son de poco valor cuando, en realidad, son criaturas elegantes, eternas, de infinito valor y con un potencial que supera la imaginación.

El descubrir quiénes somos en verdad es parte de esta gran aventura que llamamos vida. Los genios más grandes de la humanidad han luchado constantemente con estas preguntas: ¿De dónde vinimos? ¿Por qué estamos aquí? ¿Qué sucede después de que morimos? ¿Cómo encaja todo y qué sentido tiene?

Cuando comencemos a entender las respuestas a estas preguntas ---no sólo con la mente, sino con el corazón y el alma--- empezaremos a comprender quiénes somos y nos sentiremos como el vagabundo que finalmente encuentra su hogar. Nos sentiremos como el cisne que finalmente descubre quién es en realidad. Al final todo tiene sentido.

El desafío radica en que es simplemente imposible que las respuestas a estas preguntas las descubra la humanidad por medio del razonamiento. Las preguntas relacionadas con lo espiritual requieren respuestas espirituales. Los que rechazan la revelación e insisten en que haya pruebas tangibles sólo pueden especular o negar que hay vida antes y después de esta vida terrenal. Por tanto, quizá nunca lleguen a comprender quiénes realmente son o cuál es el verdadero propósito de la vida.

Sin embargo, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, hemos sido bendecidos con las respuestas a estas preguntas, y las compartimos libremente con los que estén dispuestos a escuchar. Las sabemos, no por la estimación razonada de nadie ni porque hayamos encontrado una explicación científica, sino porque mensajeros celestiales revelaron estos misterios al hombre. Ese mismo conocimiento está al alcance de cualquier persona del planeta que sea sincera de corazón, por medio del poder del Espíritu Santo.

No es cosa insignificante. A lo largo de la historia, emperadores y filósofos hubieran ofrecido grandes tesoros por lo que Dios ha dado libremente en nuestro tiempo. Dado que es misericordioso y ama a Sus hijos, Dios ha dado nuevamente, en estos últimos días, la verdad concerniente a de dónde vinimos, por qué estamos aquí y a dónde vamos.

Mis queridos y jóvenes amigos, este conocimiento les permite ver su propio reflejo en el agua. Les asegura que no son comunes, que no se les rechaza y que no son feos. Ustedes son divinos: más hermosos y gloriosos de lo que puedan imaginarse. Este conocimiento lo cambia todo. Cambia su presente, puede cambiar su futuro y puede cambiar el mundo.

Somos muy conscientes, mis queridos jóvenes amigos de la Iglesia dondequiera que se encuentren, de que enfrentan muchos desafíos en su joven vida. Por medio de sus líderes y por contactos personales con ustedes, me he enterado de la amplitud de sus inquietudes. He escogido, de entre las muchas preguntas que he recibido, sólo unas cuantas que pienso que son de las más difíciles y penosas que los están afectando a ustedes, los miembros jóvenes de todo el mundo. El día de hoy es mi deseo inculcar en su mente y su corazón la forma en que el conocimiento de quiénes son en realidad les puede ayudar a conquistar con éxito los problemas más difíciles de la vida.

Ser o no ser

Ésta es la primera pregunta: “Estoy infeliz y deprimido. A veces parece que el mundo sería mejor si yo no estuviera en él. ¿Para qué continuar viviendo?”.

Permítanme dejar algo en claro: la depresión severa y el considerar el suicidio no son asuntos triviales y deben tomarse muy en serio. Exhorto a los que sufran de depresión y que tengan pensamientos suicidas a que busquen la ayuda de profesionales y de líderes de la Iglesia de confianza. Si saben de alguien que esté pensando en el suicidio, sean amigos verdaderos y asegúrense de que reciba la ayuda que necesita. Les amamos y deseamos que tengan éxito y sean felices en la vida.

Habiendo dicho eso, la mayoría de las personas se sienten tristes o incompetentes en algún momento de la vida. Es natural tener momentos de infelicidad y dudar de nosotros mismos. La pregunta: “¿Por qué continuar viviendo?” es simplemente otra forma de expresar la antigua frase que escribió William Shakespeare 400 años atrás y que, desde entonces, han pronunciado millones de Hamlets del mundo entero: “Ser o no ser, esa es la cuestión”.

Pero Shakespeare estaba equivocado. “Ser o no ser” no es la cuestión. Hay otras opciones más allá de esa sencilla contradicción. Yo haría que Hamlet se volviera al público y le dijera: “Sabiendo que soy un hijo de Dios, ¿qué tengo que hacer y ser para estar a la altura de este potencial? Ésa es la cuestión”. Comprendo que esa edición arruinaría por completo una de las más grandes obras maestras literarias de todas las épocas; sin embargo, si yo escribiera un guión para ustedes, esas son las palabras que usaría.



Piensen de dónde proceden. Ustedes son hijos e hijas del ser más grandioso y glorioso del universo. Él los ama con un amor infinito y desea lo mejor para ustedes. ¿Creen ustedes que nuestro Padre Celestial desea que se sientan deprimidos y tristes? No. Él nos ha dado los mandamientos, que son el camino real hacia una vida con propósito, paz y gozo, y lo único que tenemos que hacer es seguirlo. El conocer los mandamientos de Dios y vivir de conformidad con ellos realmente nos lleva a la satisfacción y al gozo.

Nuestro destino es más grande de lo que imaginamos. Si tan sólo comprendiéramos quiénes somos y lo que nos espera, nuestro corazón rebosaría de tal gratitud y felicidad que iluminaría incluso los pesares más sombríos con la luz y el amor de Dios, nuestro Padre Celestial. La próxima vez que se sientan infelices, recuerden de dónde provienen y a dónde van. En lugar de sumir sus pensamientos en pesar, decidan concentrarse en lo que llena su alma de esperanza; y se darán cuenta de que todo eso se relaciona siempre con servir a Dios y a nuestros semejantes. Recuerden que el Señor les ha dado Su palabra en las Escrituras. Oren a Él con sinceridad; hablen con Él a diario; aprendan de Él y anden por Su camino. Sirvan a Dios y a sus semejantes.

Recuerden que hay “un tiempo de llorar”, pero también uno de “reír; un tiempo de lamentar y un tiempo de bailar”. Si su corazón ha estado apesadumbrado durante algún tiempo, quizá sea hora de permitir que la luz del Hijo de Dios entre en su corazón. Les suplico que simplemente miren al agua ¡y observen su verdadero reflejo! ¡Dense cuenta del propósito por el cual fueron creados! ¡Levanten el rostro y eleven la vista hacia el horizonte!

¡Es bueno que rían! ¡Es bueno que estén felices! Eleven sus voces y “alab[en] al Señor con cantos, con música, con baile y con oración dealabanza y acción de gracias” 

No puedo imaginar un cielo lleno solamente de seres sombríos que nunca hablan o que no disfrutan de la música ni les gusta charlar con los demás; para mí, eso no es el cielo. Estoy seguro de que no fueron creados para pasar horas y días de su vida aislados el uno del otro, preocupados y desesperados. Fueron creados para tener gozo, así que ¡celebremos las misericordiosas bendiciones de un gozoso y amoroso Padre Celestial!

No tienen que esperar que alguien les dé permiso para llenar su corazón de acción de gracias y felicidad; pueden hacerlo muy bien por ustedes mismos. Reúnanse como jóvenes, en sus barrios o ramas, pero también con los jóvenes de estacas y distritos vecinos. Bailen, estudien el Evangelio y presten servicio juntos; presten servicio a sus semejantes y diviértanse al hacerlo. Es mi ruego sincero que el conocimiento de quiénes son y lo que pueden llegar a ser llene su alma del apacible amor de Dios y que ello encienda en ustedes una felicidad digna de su verdadero legado, puesto que en realidad son príncipes y princesas, reyes y reinas.

¿Encontraré a mi alma gemela?


Ahora bien, otra pregunta que escuchamos de ustedes, jóvenes, es: “Me siento tan solo o sola. ¿Llegaré a encontrar a mi alma gemela?”. Tengo varias cosas que decir al respecto, pero comencemos con el concepto de encontrar a la persona que fue hecha para ustedes, la que es perfecta para ustedes.
Hay un viejo cuento sobre una jovencita que está en una excavación arqueológica y descubre una lámpara antigua. Cuando la frota, aparece un genio que le ofrece cumplirle un deseo. Ella piensa por un momento y le pide paz mundial: que las personas se amen y vivan en armonía para siempre.
El genio considera su petición y finalmente dice: “Lo que me pides es imposible. La división entre los pueblos del mundo es demasiado profunda y ha existido por demasiado tiempo. Por favor pídeme otra cosa. Cualquier cosa, menos eso”.
Entonces, la jovencita piensa de nuevo y dice: “En algún lugar está la persona que fue hecha para mí. Lo quiero encontrar: alguien que sea guapo, atento y que tenga sentido del humor; alguien que ayude con los quehaceres de la casa, que le gusten los niños, que no vea deportes todo el tiempo, que tenga un muy buen trabajo, que piense primero en mi felicidad; alguien que salga de compras conmigo y que se lleve bien con mi familia”.
El genio considera su petición por un momento, suspira profundamente y luego dice: “Déjame ver qué puedo hacer para concederte la paz mundial”.
Sé que esto será una desilusión para algunos, pero no creo que haya una sola persona correcta para ustedes. Creo que me enamoré de mi esposa, Harriet, la primera vez que la vi. Sin embargo, si ella hubiera decidido casarse con otra persona, creo que yo hubiera conocido a alguien más y me hubiera enamorado de esa otra persona. Estoy eternamente agradecido que esto no haya sido así, pero no creo que ella haya sido mi única oportunidad de lograr la felicidad, ni yo la de ella.

Otro error que pueden cometer al salir en citas es esperar encontrar la perfección en la persona con la que estén. La verdad es que las únicas personas perfectas que conocen probablemente son las que no conocen bien. Todos tenemos imperfecciones. Ahora, no estoy sugiriendo que rebajen sus normas y que se casen con alguien con quien no podrán ser felices. Pero me he dado cuenta conforme he madurado en la vida que, si alguien está dispuesto a aceptarme ---tan imperfecto como soy--- entonces yo también debería estar dispuesto a ser paciente con las imperfecciones de los demás. Ya que no encontrarán la perfección en su compañero, y él o ella no la encontrará en ustedes, la única oportunidad que tienen de obtenerla es crear la perfección juntos.

Hay quienes no se casan porque sienten una falta de “magia” en la relación. Por “magia” supongo que quieren decir chispas de atracción. El enamorarse es un sentimiento maravilloso, y nunca les aconsejaría que se casen con alguien a quien no aman. Sin embargo ---y esto es algo que a veces es difícil aceptar--- esa chispa mágica debe ser pulida continuamente. Cuando la magia perdura en una relación es porque la pareja hizo que así fuera, no porque apareció de forma mística impulsada por alguna fuerza cósmica.

Francamente, requiere esfuerzo. Para que una relación sobreviva, ambas partes aportan su propia magia y la usan para sostener su amor. Aunque he dicho que no creo que haya una sola alma gemela para alguien, sí sé esto: una vez que se comprometan a casarse, su cónyuge se convierte en su alma gemela, y es su deber y su responsabilidad esforzarse cada día para que así sea. Una vez que se hayan comprometido a esto, la búsqueda del alma gemela se acabó. Nuestros pensamientos y acciones cambian de buscar a crear.

¿Y qué sucede con aquellos que abandonan la esperanza de encontrar a un compañero eterno? Primero, no se den por vencidos. Vayan a actividades, conozcan a personas y hagan su parte. Sé que salir con personas del sexo opuesto puede ser difícil. El rechazo es una de las cosas más dolorosas que podemos pasar. Créanme que sé lo que se siente. Yo me enamoré de Harriet mucho antes de que ella se enamorara de mí.

Pero eso no me detuvo; para nada. Buscaba maneras de estar en el mismo lugar donde ella estaba. Cuando repartía la Santa Cena en la capilla, me las arreglaba para repartírsela a su familia. Me esforzaba por impresionarla, pero creo que me consideraba un poco inmaduro. Ella simplemente no sentía la chispa. Perdí la esperanza de algún día convencerla de que yo podía ser más que un amigo.

Así que me fui; me uní a la Fuerza Aérea y luego me fui al otro lado del mundo para aprender a ser piloto en los Estados Unidos. No fue sino hasta que regresé a Alemania, tras haber completado mi entrenamiento como piloto de guerra, años después de haberla conocido, que esta hermosa jovencita me vio y dijo las palabras mágicas que, durante tanto tiempo, había anhelado escuchar: “Maduraste desde la última vez que te vi”.

No perdí el tiempo después de eso, y, a los pocos meses, me casé con la mujer que había amado por mucho, mucho tiempo.

Así que no se den por vencidos, hermanos y hermanas. Sólo porque los han rechazado una o dos veces ---o tres o cuatro o doscientas veces--- no se desesperen. Hermanos, el secreto de encontrar a la mujer de sus sueños es conocer a muchas y entonces, cuando se enamoren y sientan que es lo correcto, pídanle que se case con ustedes. Si dice que no, continúen su búsqueda y oren hasta que finalmente lleguen con una joven al altar del templo; así que, no se den por vencidos.

Ahora, hermanas, tengan delicadeza. Está bien si rechazan peticiones de citas o propuestas de matrimonio, pero háganlo con delicadeza. Y hermanos, ¡por favor comiencen a invitarlas! Hay demasiadas de nuestras jóvenes que nunca salen en citas. No supongan que ciertas chicas nunca saldrían con ustedes. A veces ellas se preguntan por qué nadie las invita. Simplemente pregúntenles, y estén preparados para seguir buscando si la respuesta es no.

Una de las tendencias que vemos en algunas partes del mundo es que nuestra gente joven sólo se junta para “pasar el rato” en grupos grandes en vez de salir en citas. Si bien no hay nada de malo en reunirse con frecuencia con otras personas de su edad, no sé si realmente puedan llegar a conocer a las personas cuando siempre están en grupo. Una de las cosas que deben aprender es cómo tener una conversación con una persona del sexo opuesto. Una forma magnífica de aprender esto es estando a solas con alguien, hablando con ella o él sin una red de seguridad, por así decirlo.

Las citas no tienen que ser ---y en la mayoría de los casos no deberían ser--- ocasiones costosas y de grandes planes. Cuando mi esposa y yo nos mudamos de Alemania a Salt Lake City, una de las cosas que más nos sorprendió fue el proceso detallado y a veces estresante por el cual los jóvenes tenían que pasar para pedir y aceptar citas.

Relájense; busquen formas sencillas de estar juntos. Una de las cosas que más me gustaba hacer cuando era joven y buscaba una cita, era acompañar caminando a alguna jovencita a su casa después de una reunión de la Iglesia. Recuerden que su meta no debe ser tener una filmación de su cita para que la vean un millón de personas en YouTube. La meta es llegar a conocer a una persona particular y aprender a desarrollar una relación significativa con el sexo opuesto.

Ahora, hay algunos entre ustedes, excelentes jóvenes de la Iglesia, que tal vez nunca se casen. Aun cuando sean dignos en todo sentido, es posible que nunca encuentren a alguien con quien sellarse en el templo del Señor durante esta vida. No hay manera de que alguien que no haya sentido esta desesperación realmente comprenda la soledad y el dolor que ellos posiblemente sientan. Sé de muchas mujeres que lo que más desean en esta vida es ser esposa y madre, y no pueden comprender por qué sus oraciones nunca han sido contestadas. También hay muchos hombres solteros que, por alguna razón, también se encuentran solos.

Primero, permítanme decirles que nuestro Padre Celestial escucha sus oraciones; Él conoce los deseos de su corazón. No puedo decirles por qué las oraciones de una persona se responden de cierta manera mientras que las de otra se contestan de otra. Pero sí puedo decirles esto: los deseos justos de su corazón se cumplirán.

A veces es difícil ver lo que está más allá del sendero que está frente a nosotros. Somos impacientes y no queremos esperar el cumplimiento futuro de nuestros más grandes deseos. Sin embargo, el breve período de esta vida no es nada en comparación con la eternidad. Si tan sólo tenemos esperanza, ejercemos la fe, y perseveramos hasta el fin con alegría, y digo perseverar hasta el fin con alegría; allí, en ese futuro celestial se cumplirán los deseos justos de nuestro corazón y muchísimo más de lo que podemos comprender ahora.

Mientras tanto, no esperen que alguien más complete su vida. Dejen de dudar de ustedes mismos y de preguntarse si tienen algún defecto. Por el contrario, procuren lograr su potencial como hijos de Dios; esfuércense por aprender; ocúpense en una profesión significativa y busquen la satisfacción en el servicio a los demás. Utilicen su tiempo, sus talentos y sus recursos para mejorarse a sí mismos y para bendecir a los que los rodean. Todo esto es parte de su preparación para tener una familia. Participen activamente en su barrio o rama, y procuren magnificar sus llamamientos, sin importar cuáles sean.

El gran propósito de esta existencia terrenal es aprender a amar plenamente a nuestro Padre Celestial y a nuestros semejantes como a nosotros mismos. Si lo hacemos con todo nuestro poder, mente y fuerza, nuestro destino eterno será grande y glorioso más allá de lo que nos podemos imaginar. Sean fieles, y todo saldrá bien. Ésa es la promesa eterna que se da a todos los que lo aman y honran.

¿Puedo permanecer fiel?


Una tercera pregunta que los jóvenes se hacen es: “¿Puedo permanecer fiel?”. Hay quienes tienen dudas en cuanto a Dios o la Iglesia. Otros ceden a la tentación que los aleja de la seguridad del sendero estrecho y angosto del discipulado.

Cuando era piloto, con frecuencia veía un interesante fenómeno meteorológico al volar entre Europa y África. Se llama convergencia intertropical, y es un conjunto de tormentas eléctricas que se desplazan al norte y al sur del ecuador, y que llena el horizonte de enormes y amenazantes columnas de nubes.

No podía mirar esas nubes sin quedar fascinado por su belleza y majestad. Se extendían y formaban enormes figuras negras, dentro de las cuales los rayos brillaban con luz resplandeciente de una punta a la otra en una furia de fuego indescriptible. ¡Qué panorama tan glorioso y fascinante!

Pero ¿qué piensan que hacen los pilotos cuando se acercan a esas tormentas? Las evitan, sin importar cuán hermosas e intrigantes parezcan ser. Conforme la humedad se eleva en esas nubes, comienza a congelarse, formando granizo del tamaño de pelotas de fútbol que pueden perforar el metal y destruir un avión. La turbulencia severa y las descargas eléctricas pueden incapacitar los aviones y sus sistemas.

¿No es acaso verdadero el mismo principio cuando ven cosas que pueden causar daño espiritual? La tentación no sería tentación si no pareciera atractiva, fascinante o divertida. Pero, tal como el piloto que se acerca a la tormenta, hay que aprender a evitarla, sin importar cuán hermosa o intrigante pueda parecer.

Puesto que nuestro Padre Celestial ama a Sus hijos, nos ha dado mandamientos para mantenernos a una distancia segura de esas tormentas dañinas. Él no obliga a ninguno de Sus hijos a caminar en Su senda. Él permite y espera que nosotros tomemos la decisión. Pero deben saber esto: algunas decisiones llevan al desastre; por lo tanto, escojan lo correcto.

Agrego mi testimonio al coro de advertencias en contra del terrible problema de la pornografía. Evítenla; manténganse alejados de ella. Las mismas palabras que usábamos para entrenar a los pilotos en cuanto a las tormentas eléctricas se las digo en cuanto a la pornografía: “Eviten, eviten, eviten”.

No supongan que pueden poner la trompa del avión sólo un poco dentro de la tormenta; no coqueteen con la pornografía. Recuerden que con frecuencia las cosas más repugnantes y destructivas pueden parecer atractivas al principio. Eviten las cosas que puedan ponerlos en peligro.

¿Es verdad?

Vayamos al siguiente punto: ¿Qué sucede con las dudas y las preguntas? ¿Cómo llegan a saber que el Evangelio es verdadero? ¿Está bien tener preguntas en cuanto a la Iglesia y su doctrina? Mis queridos jóvenes amigos, somos personas que hacen preguntas, porque sabemos que el preguntar conduce a la verdad. Fue así que comenzó la Iglesia, por un joven que tenía interrogantes. De hecho, no estoy seguro de cómo se puede descubrir la verdad si no se hacen preguntas. En las Escrituras, rara vez encontrarán una revelación que no se haya recibido en respuesta a una pregunta. Cuando surgía una pregunta y José Smith no sabía la respuesta, le preguntaba al Señor, y el resultado de ellas son las maravillosas revelaciones de Doctrina y Convenios. Con frecuencia el conocimiento que José recibía iba más allá de la pregunta original, y eso se debe a que el Señor no sólo puede contestar la pregunta que hacemos, sino, más importante aún, puede darnos respuestas a las preguntas que deberíamos haber hecho. Prestemos atención a esas respuestas.

La obra misional de la Iglesia se basa en investigadores sinceros que hacen preguntas sinceras. La indagación es la cuna del testimonio. Algunos quizá se sientan avergonzados o indignos porque tienen preguntas en cuanto al Evangelio, pero no deberían sentirse así. El hacer preguntas no es señal de debilidad; es el acto precursor del crecimiento.

Dios nos manda buscar respuestas a nuestras preguntas y sólo nos pide que las busquemos “con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo”. Cuando lo hacemos, la verdad de todas las cosas nos será manifestada “por el poder del EspírituSanto” 

No teman; hagan preguntas; ¡sean curiosos, pero no duden! Siempre aférrense a la fe y a la luz que ya han recibido. Puesto que nuestra visión es imperfecta en la vida terrenal, no todo va a tener sentido en este momento. De hecho, pienso que si todo tuviera sentido sería prueba de que todo había sido inventado por una mente terrenal. Recuerden que Dios ha dicho:


Sin embargo, ustedes saben que uno de los propósitos de la vida terrenal es llegar a ser más parecidos a su Padre Celestial, en sus pensamientos y en sus caminos. Desde esta perspectiva, el buscar respuestas a sus preguntas puede acercarlos más a Dios, lo cual fortalecerá su testimonio en vez de debilitarlo. Es cierto que “la fe no es tener un conocimiento perfecto”, pero al ejercitar la fe, aplicar los principios del Evangelio todos los días, bajo cualquier circunstancia, probarán el dulce fruto del Evangelio, y por este fruto sabrán de su verdad.

Ustedes son eternos

Siempre habrá voces que les dirán que son insensatos por pensar que son cisnes; que insistirán en que sólo son patitos feos y que no pueden esperar llegar a ser ninguna otra cosa.

Pero ustedes saben que no es así. Gracias a la palabra revelada de un Dios misericordioso, han visto su verdadero reflejo en el agua y han podido sentir la gloria eterna de ese espíritu divino que forma parte de ustedes. Ustedes no son seres comunes, mis queridos jóvenes amigos de todo el mundo; ustedes son gloriosos y eternos.

Sin importar cuáles sean las circunstancias o las pruebas de su vida, los exhorto a que recuerden quiénes son, de dónde provienen y a dónde van, ya que las respuestas a esas preguntas realmente brindarán confianza y dirección a su vida.

Su Padre Celestial vive; Él los conoce. Él les habla en estos últimos días por medio de profetas y apóstoles. El presidente Thomas S. Monson es el profeta del Señor en la tierra en la actualidad. La Iglesia es dirigida por el Salvador Jesucristo; yo lo sé; Él está a la cabeza de esta Iglesia.

En el día de hoy les hablo con imperfección y con acento alemán, pero les prometo que las palabras que sienten en el corazón y en la mente y en el alma les llegan por medio de la elocuencia, la pureza y el poder del Espíritu Santo; y por el poder del Espíritu Santo pueden saber la verdad de todas las cosas.

Hermanos y hermanas, mis queridos amigos: los amo, los amo con todo mi corazón; estoy agradecido por ustedes; estoy agradecido por su bondad. Como apóstol del Señor Jesucristo, nuestro Salvador, los bendigo en forma individual y colectiva, para que aprendan a saber quiénes son en realidad y qué deben hacer y ser para llevar una vida feliz y satisfactoria.

Es mi ruego y bendición que, cuando vean su reflejo, ver más allá de las imperfecciones y dudas, y que puedan reconocer quiénes realmente son: hijos e hijas gloriosos de Dios Todopoderoso. En el sagrado nombre de Jesucristo. Amén.